La participación de la familia en la escuela:
reflexiones para pensar la educación
Mauricio
Rodríguez Herrera
Maestro en
Enseñanza del inglés como lengua extranjera
Correo:
mrodriguez@uniquindio.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2865-3172
Resumen: El presente
texto genera algunas reflexiones acerca de la importancia de la participación
de la familia en la escuela, pues aunque sean dos unidades básicas en el
proceso educativo, pareciera que están fragmentadas, ya que los maestros pueden
no saber cómo estimular y mantener los esfuerzos de participación; y los padres
cuya participación no es invitada pueden apreciar exclusión o poca
consideración por su participación, lo que refleja la falta de estrategias
efectivas que logren formar y fortalecer el vínculo familia-escuela para
mejorar los programas escolares, el clima escolar, el sentido de comunidad, el sentido de eficacia
parental, la crianza positiva, mejorar el comportamiento del niño, fomentar la adaptación
escolar, las habilidades académicas y competencia escolar, en pro de la
educación.
Palabras clave:
Familia, Escuela y participación de padres.
Abstract: This text generates some
reflections on the importance of family participation in school, despite of
this two institutions being two pillars in the educational process, they seem
fragmented, since teachers may not know how to stimulate and maintain the
efforts of participation; and parents whose participation is not invited may
appreciate exclusion or little consideration for their participation,
reflecting the lack of effective strategies that manage to form and strengthen
the family-school bond to improve school programs, the school climate, the
sense of community, the sense of parental efficiency, positive parenting,
improving child behavior, school adaptation, academic skills and school competence,
in favor of the education.
Keywords: Family, school and
parental involvement.
La participación de la familia
en el proceso escolarizado de los educandos, parece ser una relación
causa-efecto con indicios positivos en el rendimiento de los estudiantes, esta
afirmación es respaldada por autores como Holloway, Park y Stone (2017), Boonk,
Gijselaersa, Ritzen y Saskia (2018) y Bertrand y Deslandes (2005), quienes han
estudiado cómo a nivel escolar y en un entorno de aprendizaje más estimulante,
son los padres de familia quienes participaban en actividades escolares
constantemente y donde se había formado una red de pares, que arrojaba
resultados positivos en cuanto a propiedades organizativas escolares más
fuertes y sólidas y un buen rendimiento académico en los estudiantes.
Lo que lleva a reflexionar
que la participación activa de los padres o tutores (como abuelos, tíos o
incluso hermanos) en la escuela impacta a toda la comunidad escolar y no
exclusivamente al educando. Este resultado tiene sentido bajo la teoría del
capital social, que reconoce a las redes construidas, normas acordadas y
confianza adquirida como elementos que facilitan la acción y la cooperación
para el beneficio de un colectivo (Putnam, 1993), en otras palabras, las
relaciones sociales construidas son un componente importante para el desarrollo
de una persona.
Sin embargo, hablar de la
participación de la familia en la escuela es impreciso, pues es el componente
de un ecosistema educativo más complejo, en el que deben participar más actores
y en los que interviene la sociedad, la cultura e ideologías nativas de los
mismos padres.
Participación de la familia en la
escuela
Es prudente definir en este
punto, a que se refiere la participación
de la familia en la escuela, al
respecto, autores como Acuña et al. (2018) la asumen como la destinación de los
diferentes recursos[1] que
poseen los padres, tutores e incluso los abuelos, tíos y hermanos en la
educación de los educandos. Mientras que para Boonk et al. (2018), se puede
interpretar como la colaboración activa de la familia “con énfasis en los
padres” en el proceso de aprendizaje de sus hijos. Frente a este panorama se
asume la participación de la familia como la posibilidad de definir una agenda
de trabajo común con la escuela que presente objetivos y metas implícitas, en
otras palabras, que la construcción de imaginarios dentro de la escuela responda
a los ideales de los padres o tutores y de la educación e institución.
Hay que tener en cuenta que
la participación de la familia, con énfasis a los padres o tutores, se
fundamenta en canales de comunicación (transferencia de información), relación
(vínculo preestablecido), participación (actuar colaborativo) y compromiso
(sentido de pertenencia). Esto último revela que la participación de los padres
es mucho más que asistir a eventos escolares, y lo cierto, es que las expectativas
de logro de los padres juegan un papel relevante en la educación de los hijos.
A pesar de que es ampliamente
aceptada la relación positiva entre la participación de la familia y el logro
académico, según Boonk et al. (2018), no está usualmente claro cuáles son las
actividades paternales que provocan esta relación. Sin embargo, Bertrand y
Deslandes (2005) realizaron un estudio sobre 770 padres de estudiantes de
secundaria en escuelas públicas de Quebec, donde encontraron que la
participación de los padres en la educación de sus hijos aumenta cuando ellos
tienen buena comunicación y como efecto parece impactar positivamente en su
logro académico. Esto parece intuitivo, pero revela la multidimensionalidad de
la participación de la familia, ya que su apoyo no solo se enfoca en la
atención sobre asuntos escolares, sino en general en las buenas prácticas de
crianza.
En este sentido, Hornby y
Lafaele (2011) mencionan que algunas de las ventajas de la participación de la
familia se encuentran: un buen rendimiento académico, mejores relaciones entre
padres y maestros, favorece el clima escolar, las tasas de asistencia escolar
son más altas, impacta en las actitudes de los agentes educativos,
comportamiento y salud mental de los estudiantes dotándolos de mayor confianza.
Sin embargo, los autores manifiestan que, a pesar del reconocimiento
generalizado de estos beneficios potenciales, existen brechas claras entre la
retórica encontrada en la literatura y las prácticas típicas encontradas en las
escuelas.
En esta relación
familia-escuela también influyen las diferentes creencias de los padres. Al
respecto, Valdés y Urías (2011) realizaron un estudio cualitativo en el que se
percataron de que las creencias de los padres acerca de la educación de sus
hijos condicionan la conducta y la forma en que las personas justifican su
actuar en la relación familia-escuela. Valdés y Urías (2011) son conscientes de
que la participación de los padres, en realidad, actúa como lo plantea Belleï,
Gubbins y López (2002):
“un mecanismo que: a) presiona a las escuelas
para entregar una educación de calidad; b) demanda información sobre el
rendimiento de sus alumnos; c) enfrenta discriminaciones y abusos; d)
implementa mecanismos de responsabilidad y defensa de sus derechos en relación
a los servicios que se le otorgan; y e) plantea demandas respecto de esos
derechos” (Belleï, et. al. 2002 citado en Valdés y Urías, 2011, pág. 102).
En
este tenor, la influencia de las creencias que llevan a una conducta positiva
en la relación familia-escuela, tiene un impacto también positivo en el capital
cultural y social en la educación de las niñas y niños (Bakker, Brus, y
Denessen, 2007). Por lo que la participación de los padres de familia[2], no
sólo es viable en la educación, sino que es completamente necesaria para que
suceda la propia educación.
El papel de los padres en la educación de los educandos
En la relación
familia-escuela, son relevantes todos los miembros de la familia extendida, sin
embargo, los padres o tutores son quienes generalmente juegan un papel
preponderante en esta relación, puesto que en la jerarquía familiar ellos son
los responsables directos de los hijos, lo que implica que los padres deban
mantener una estrecha comunicación, dedicarles tiempo, aconsejarlos, tenerles paciencia, crearles
conciencia del bien, supervisión del aprendizaje en casa, además de comunicarse
con el maestro e informarse de los avances del hijo. Estos puntos son
particularmente importantes para el desarrollo cognitivo del educando, pues la crianza
de los hijos, el locus de control y la autoestima relacionado con el logro
educativo a largo plazo beneficia a creces (Flouri, 2006).
En este sentido, en la
asociación entre familia-escuela, los padres son quienes pueden influir
mayormente en el entusiasmo y dedicación a la educación de los niños. De modo
que es importante conocer los indicadores de participación que autores como
Boonk et al. (2018)[3],
señalan:
Tabla 1. Indicadores de
participación
|
Dimensión de participación de los padres |
Indicadores |
|
Participación
en el hogar: lo que hacen los padres en el hogar para promover el aprendizaje
de sus hijos. Ej.: la comunicación de los padres con su hijo sobre cuestiones
escolares, monitoreo del progreso escolar, orientación en actividades de aprendizaje
en el hogar o ayuda con la tarea y las expectativas de los padres. |
Expectativas
educativas / aspiraciones |
|
Valoración de la educación / logro académico |
|
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Leer con
niños |
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Viajes educativos (ir a la biblioteca o al museo) |
|
|
Presión académica
/ control |
|
|
Participación en actividades de aprendizaje en el hogar. |
|
|
Asistencia
/ ayuda con la tarea |
|
|
Debates entre padres e hijos sobre las experiencias escolares. |
|
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Debates
entre padres e hijos sobre la selección de cursos / programas |
|
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Debates entre padres e hijos sobre los planes posteriores a la escuela
secundaria |
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Apoyo /
estímulo de los padres en el aprendizaje. |
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Reglas para la fijación de límites de TV / padres |
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Participación
escolar: Actividades y comportamientos que los padres realizan en la escuela.
Ej.: asistir a conferencias de padres y maestros y/o asistir a eventos
escolares. |
Asistencia
a las reuniones de la Asociación de Padres y Maestros (PTA, por sus siglas en
inglés) |
|
Voluntariado en la escuela |
|
|
Visitando
el aula |
|
|
Asistencia a eventos escolares o de clase. |
|
|
Participación
en funciones escolares (como ser miembro de la PTA) |
|
|
Comunicación entre padres y maestros sobre el rendimiento académico. |
|
|
Comunicación
entre padres y maestros sobre problemas o dificultades en la escuela |
Fuente: Tomado de Boonk et al. (2018, pág. 12).
Dentro de las agrupaciones
realizadas por Boonk et al. (2018), se puede entrever una especie de efecto pigmalión[4]
en los procesos de acompañamiento de los padres. Pues, resulta que hay una
asociación positiva entre las expectativas y aspiraciones de los padres y los
resultados académicos de los hijos, en otras palabras, si un padre transmite al
hijo que confía en que logrará cosas importantes, se aumenta la probabilidad de
que este lo logre. Es importante resaltar que es el afecto, la confianza y la
promoción de la autonomía lo que tiene un resultado positivo, debido a que si
las expectativas son acompañadas de presión académica (control, castigos o
acciones coercitivas), las consecuencias son negativas.
Constantemente se ha creído
que la educación de los padres está relacionada con el nivel de educación de
sus hijos, o bien, al capital cultural y social de las familias, pues según
Sánchez y Valdés (2016), son las expectativas las que tienen mayor incidencia
en el involucramiento de los padres en la escuela, lo que ha sucedido es que
generalmente los padres con mayor grado de estudios, confían más en el talento
innato presente en sus hijos y en el éxito que puede representar para ellos el
que estén formados profesionalmente, para alcanzar mejor calidad de vida en su
contexto social.
Otra constante, se refiere a
que los padres están dispuestos a participar más activamente si consideran que
sus hijos e hijas tienen aptitudes para el estudio. De manera que hay más
tendencias a involucrar a sus hijos en círculos más grandes de aprendizaje, es
decir, en redes de apoyo que permitan que el niño indague la información en
varias fuentes, o bien, que lo involucren en diversas y múltiples
extraescolares.
Cabe mencionar que, las
creencias de los padres son sumamente importantes para que se logre su
participación en la escuela, y creencias como que los hijos de padres separados
tiene efectos negativos, son en muchas ocasiones incorrectas, pues se ha encontrado
que si al menos uno de los padres está involucrado en el estudio de sus hijos,
los resultados serán deseables, es decir, la separación de los padres no es un
condicionante siempre y cuando el niño o niña siga recibiendo la atención
adecuada.
No obstante, Valdés (2007) y
Urías (2011) consideran importante que para que las creencias de los padres
como la anterior, no afecten negativamente a los niños y/o niñas, es necesario
prestar atención en;
●
Aspectos motivacionales que afectan el aprendizaje.
●
Aspectos actitudinales del docente tales como la responsabilidad y
el tiempo dedicado a los estudiantes.
●
Crianza de los hijos
●
Aspectos económicos, la dinámica familiar y falta de conocimientos
y habilidades para brindar un apoyo efectivo a sus hijos, especialmente en lo
relativo a las tareas escolares y el desarrollo de la motivación por el
estudio.
●
Factores aptitudinales, estrategias de aprendizaje y la presencia
de discapacidades.
●
Aspectos relativos a la escuela tales como los recursos y
funcionamiento de la misma.
●
La formación, el conocimiento de los contenidos y las estrategias
de enseñanza por parte del docente.
●
Su capital cultural, nivel de escolaridad, la riqueza del
vocabulario que emplean y los estímulos intelectuales.
●
Formas de comunicación efectiva en la escuela-familia
En
este sentido, la participación de los padres constituye un rol sustancial que
involucra una gama de actividades importantes, necesarias y permisibles para
ayudar a sus hijos a tener éxito en la escuela y en la medida en que los padres
crean que a través de su participación pueden ejercer una influencia positiva
en los resultados educativos de sus hijos, la distancia entre escuela-familia
se acotará y tendrá resultados efectivos.
Reflexiones de la participación
parental en educación
En la relación
familia-escuela hay factores negativos asociados a la participación parental,
ya que diversas actividades de los
padres afectan el logro académico del hijo dependiendo de la edad, la raza, la
etnia, el poder adquisitivo de la familia y otros factores intangibles, por lo
que esta participación no puede ser simplificada. Por ejemplo, diversos
estudios revisados muestran que la participación sobre la tarea puede tener
efectos contradictorios, en particular debido a que depende de la gradualidad
en que exista colaboración, es decir, si la contribución de los padres fomenta
el distanciamiento entre la tarea y los estudiantes, pues cuando los padres
hacen la tarea por sus hijos o cuando les presionan fuertemente para que la
realicen y ejercen acciones de control, esta relación es negativa, pero cuando
favorece la autonomía, suele tener efectos positivos. En este caso, más
participación no siempre es mejor.
La relación familia-escuela
puede ser una relación positiva si se sigue estudiando bajo planteamientos del
siglo pasado, mas esta relación tendría otras lecturas si se hiciera un
análisis actual de la familia (los padres), la escuela y su rol dentro de la
economía global y la sociedad individualista e hiperconectada. Además, la
relación familia-escuela puede enfrentar problemas debido a:
●
La jerarquía que tradicionalmente se les da a los docentes,
quienes se creen la única autoridad válida en la escuela. Este problema de
autoridad también puede suceder en el hogar cuando hay una autoridad visible
que reduce la opinión de otros miembros de la familia (Domínguez, 2010).
●
Las creencias y normas ambiguas o contrarias de la familia y la
escuela (Domínguez, 2010).
Para profundizar lo anterior,
se puede tomar en cuenta el estudio de Herman et al. (2017), donde utilizaron
una herramienta estadística para evaluar la relación entre la percepción
negativa de los maestros sobre la intervención de los padres y la situación
escolar de los estudiantes, y encontraron que, en su mayoría, los maestros perciben
como poco importante la participación de los padres cuando los alumnos son
problemáticos, es decir, hacen la lectura de que si un alumno es problemático
es porque en su familia son problemáticos y prefieren reducir la interacción
con la familia.
De modo que, la participación
de los padres es un constructo multidimensional, y que puede verse afectado
por; factores emocionales, por los desafíos relacionados con altas tasas de
analfabetismo, pobreza familiar y pobreza estructural, falta de tiempo, nivel
educativo de los padres, comprensión con respecto a las necesidades de los
hijos y bajas expectativas respecto al alcance de la educación (Sung, 2018).
Si bien, la familia moderna [5]es
una unidad básica y vital puede ser inoperante frente a las vicisitudes de la
sociedad posmoderna que ha cambiado y se ha complejizado a escalas tan grandes,
que la unidad familia y la unidad escuela no pueden asumir los vertiginosos
cambios sociales, políticos, económicos, ambientales y culturales del siglo
XXI. En especial porque en sí misma está fragmentada por el distanciamiento
producido por las largas horas de trabajo, su falta de formación al afrontar la
paternidad y su incapacidad actual de reconocer la importancia de esta
participación (Cano y Casado, 2015). Lo cierto, es que estas situaciones se
pueden superar aumentando la interacción familia-escuela a través de programas
educativos correctamente estructurados.
Consideraciones finales
La familia y escuela son
insuficientes para lograr los objetivos educativos, si es que se toman en
cuenta como unidades independientes, sin embargo, las posibilidades que tienen
estas unidades en conjunto, son potencialmente benéficas si factores en la
familia como: el apoyo familiar, la socialización, la motivación por el
aprendizaje, la responsabilidad, el ocio, la proyección y la atención sobre el
comportamiento, la conducta y el carácter, entre otras, se trabajan y
fortalecen en las familias.
Por su parte, la escuela debe
procurar que la educación impartida sea de calidad, que cimiente la capacidad
de aprender, absorber nueva información, convivir en comunidad, reconozca y
respeta la diferencia, reconozca las normas sociales y potencie las habilidades
blandas (Torío, 2004). De modo que la relación familia-escuela, será positiva
cuando se realicen acciones conducentes para crear un ambiente de confianza
mutuo, lograr acuerdos, formarse conjuntamente, establecer una comunicación,
participar de forma continua en la toma de decisiones, trabajar cooperativa y
colaborativamente, formarse a través de escuelas de padres y mejorar la
relación padres-docentes.
La relación entre la familia
y la escuela es deseable en diferentes contextos sociales, debido su impacto en
la calidad educativa, el mejor rendimiento escolar, mejor clima educativo,
mayor motivación y autoestima en los estudiantes y menores índices de deserción
escolar. Para ello, es necesario pensar en la formación de padres, tutores o
familiares que participen en los procesos de toma de decisión, participación en
las aulas y espacios de aprendizaje, que se involucren en el desarrollo del
currículo e incluso en la evaluación de los estudiantes y centros educativos.
Lo cierto, es que no siempre
la escuela ha encontrado la forma de incorporar a la familia activamente, e
incluso, en ocasiones muestran resistencia a esto. Una de las causas de esta
conducta, puede ser que los maestros (como principales actores en ejecutar
estrategias para establecer y fortalecer la relación familia-escuela), se
sientan sobrecargados de trabajo y responsabilidad, pues, aparte de la docencia
las múltiples tareas educativas como las de gestión, tutoría y en ocasiones la
investigación, sobrecargan de trabajo al maestro y más si el área de administración
educativa no tiene dentro de sus prioridades mejorar la estructura pedagógica
en relación con la participación de los padres de familia.
Referencias
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[1] Recursos económicos,
motivacionales, recursos sobre el tiempo que invierten y emocionales.
[2] Se usa la expresión; “padres
de familia”, en la cual también se hace referencia a las madres de familia, es
decir, que es una expresión abarcativa que involucra a los dos actores.
[3] Sus aportes son derivados de
la revisión literaria que hace en 75 estudios publicados en revistas indexadas,
realizados en países desarrollados (principalmente Estados Unidos) entre 2003 y
2017.
[4] Este efecto se refiere a la influencia que puede ejercer la creencia de una persona en el rendimiento de otra, aunque no siempre sucede.
[5] Dicha unidad queda pendiente para otro análisis, ya que no es motivo de discusión en este preciso momento.